Alquimia y poder ancestral
Saberes que dan color: taller de tintes naturales con caña flecha
Cuando llegamos al territorio de San Antonio de Palmito, de inmediato se sentía un olor a palma y ancestralidad. En este mes de julio decidimos hacer un taller con madres, padres y estudiantes sobre plantas tintóreas para la caña flecha. Dentro del ejercicio de planeación, ya habíamos asignado a las madres de familia las plantas que debíamos conseguir y otros elementos para lograr los colores asignados a cada una.
Cuando llegaron la mayoría de las madres y los estudiantes, todos entusiastas, al taller, empezaron a comunicar el proceso a sus hijos y a transformar una nervadura de palma que, a los ojos de una ignorante como yo, parecía débil, escasa, de hojas poco densas, con un tallo de entre 1 y 3 centímetros como máximo, simple como una hierba más del montón. Luego empieza ese empoderamiento del conocimiento y de la alquimia a hacer lo suyo.
Le dieron de beber agua, sol, flores, hojas y raíces. Encendieron con respeto el fuego y la paciencia, y empezaron a transformar esa simple nervadura en una pieza de creación con colores vibrantes: naranjas intensos, verdes, grises, rosas.
Luego empiezan a entretejer sin patrones ni diseños, solo con la memoria. Empiezan a crear y a tejer como si su sangre, sus genes, ya supieran a dónde llevar cada hebra, cada movimiento, cada curva. Es una historia, y una historia así no se improvisa, no es casualidad; son siglos de perfección.
Así termina una jornada que nos hace reflexionar sobre todo lo que queremos: memoria sin pausa, raíz sin tierra.
Para concluir, el valor de lo hecho a mano no está en lo que se ve, sino en todo lo que se entregó frente al fuego, frente al agua, a la memoria de los antepasados, a la espiritualidad, a la paciencia y al respeto.
Un recordatorio: lo que se crea a mano no se mide en minutos, ni la sostenibilidad empieza en la tienda; empieza en las manos que trabajan las fibras.

