10 000 metros cuadrados de tierra y esperanza para una agroecología escolar en acción

Uno de los desafíos más grandes del proyecto es tener tierra para cultivar y colocar en prácticas los aprendizajes que adquieren por los actores que participan en esta iniciativa.

Gracias a la gestión de la comunidad educativa, Filotopie y la comunidad Zenú, se inició en la Institución Educativa El Martillo a trabajar de manera muy entusiasta en un área de 10 000 metros cuadrados, que fue dada en comodato por un miembro de la comunidad El Martillo durante 5 años. Así fue como comenzó el proceso de limpieza del terreno, de arvenses y de mejoramiento.

Una actividad agotadora físicamente, con aproximadamente 40° de temperatura en plena época de sequía en la zona, pero no diezmó la voluntad de los estudiantes, que con ahínco y fuerza sudaron con alegría la transformación de estos espacios. Los docentes dejaron sus libros por un momento, tomaron la barra y la paladraga, y empezaron a ser uno más del equipo de limpieza y adecuación.

Fue así como se hicieron más de 200 ahoyados de un metro de profundidad, igual número de estacas colocadas, con la valiosa ayuda de algunos padres de familia y algunas docentes mujeres que se unieron a las mingas de esta primera área.

Diferentes equipos de trabajo: unos con machetes, otros con barretones, paladragas; otros con alambre y grapas; y otros con martillos, pero teniendo claro que sus diferencias y capacidades no eran iguales, aunque la misión era común… dejar un espacio para ver crecer árboles llenos de frutos, alimentos frescos, flores; un espacio vivo de aprendizaje, donde pudiesen tener la alegría de compartir con sus compañeros de clase, los conocimientos, y sobre todo, otra ruta para crearlos y gestionarlos sensorialmente.

Esa es la gran belleza de la educación: no importando la herramienta que la vida les ponga a estos niños, niñas y jóvenes, ella siempre será una gran oportunidad de transformación.

Pero, como todo trabajo trae sus recompensas, encontramos piñuelas, unas ricas frutas del estrato bajo del bosque seco, ayudando a diezmar el calor y a recordarnos que, por más estériles que parezcan algunas plantas a los ojos humanos, siempre encontrarán la forma de sorprendernos, deleitarnos y repensar nuestro actuar… si queda algo de sensatez.

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